
Por Yennifer Cabria Ortiz
Tuve la oportunidad de participar en el II COLOQUIO NACIONAL “Escenarios Disruptivos: Una Apuesta por la Transformación Educativa en el Territorio”, llevado a cabo en Lorica, Córdoba, en la Institución Educativa Antonio de la Torre y Miranda, el 02 de agosto de 2024. Recuerdo con claridad que cuatro años antes participé en un evento religioso y en otro de la CBF, también en este mismo lugar, para mí era asombroso volver, a pesar de ser el auditorio más reconocido en el municipio por su infraestructura y la organización del colegio; las sillas rojas, con almohadones adornados con miniaturas de estrellas negras, seguían siendo igual de incómodas, y el aire acondicionado, aun a 17° C, no era de mi agrado la temperatura. Aquel auditorio, aunque muy selecto, parecía haber permanecido igual en esos cuatro años, y fue en ese mismo espacio donde mi amiga Angie y yo, pasamos un rato memorable. Ella me invitó y yo me entusiasme de ser parte de una jornada que, para mí, quedaría en mi memoria. Aunque al momento de expresarme no suelo utilizar tanto tecnicismo, siempre me esfuerzo por hablar claro y coloquial. Ese día, junto a Angie, nos enfrentábamos a un auditorio lleno de docentes experimentados, rectores y funcionarios de la alcaldía municipal.
En lo que respecta a mí, siempre porto mi uniforme de la Universidad, de color vinotinto intenso, a la mayoría de los lugares a los que voy lo llevo puesto, acompañado de mi cabello lacio y suelto, aunque he de aclarar que en años anteriores, permanecía en su originalidad de rizado. Soy de baja estatura, delgada, cejas pobladas pero bien alineadas, cara redonda con algunas imperfecciones sin tapar, labios rosados, ojos de color negro, que hacen una pequeña combinación con mi cabello del mismo color. Soy valiente, temerosa, seria, me gusta tanto el nombre Paola, que me he de presentar como Yennifer Paola, siempre con la misma frase a donde voy “Así aprendo más”, como fue mencionado antes, el auditorio se componía de docentes y rectores vigentes en su trabajo.
El coloquio fue organizado por estudiantes del doctorado en ciencias de la educación de la universidad Simón Bolívar y la secretaria de educación municipal. Se dio inicio con la ponencia titulada “Migración de la Costa Caribe colombiana, escenario propicio para fortalecer una cultura de paz en contextos socio-educativos” del Dr. Anuar Villalba Villadiego. Para darles un adelanto, Angie y yo concluimos que esa presentación cautivo la atención de todos, por el impacto que causa el tema en diferentes colegios colombianos, y su comparativa con otros países, ese mismo ponente se dirigió al público; un señor de baja estatura, cabello negro restituido por blanco, piel clara y un léxico adecuado a su conocimiento, dejando de lado los chistes que pusieron a todos los presente a reír a carcajadas, y con un tono de pregunta se escuchó su voz:
-¿Alguien conoce un caso de niños(a) venezolanos en lo que concierne a la educación?
Guardé silencio, al igual que el resto de las personas en el auditorio. Mi mente era un sinfín de experiencias por comentar, nadie me juzgaría, y si así hubiera sido, no importaba porque nadie me conocía, a excepción de Angie. Tenía la esperanza, de que alguien a quien esperaba, ¡apareciera!, alguien que sabía del tema, tanto como yo.
En mi discurso de respuesta, me preparo para declarar: es inevitable ver a un venezolano, y no acercarme. Quiero que sepan que cuenta conmigo, que yo sé lo que es estar en ese lugar. Al igual que ellos, también he pisado lugares desconocidos, que muchos de mis familiares me dieron su espalda, supe lo que es vivir en un hogar generador de conflictos. Varias veces me gritaron: «tú no perteneces aquí». Esos momentos donde resulta inevitable que los ojos no expresen lo que calla el corazón, dejando salir todas aquellas palabras guardadas dentro de mí, alimentando mi ansiedad. Por si fuera poco, el acoso en la secundaria, pero en mi trayectoria he conocido más personas que hacen el bien, que lo que hacen el mal. El apoyo que tenemos nosotros, como estudiantes, es a nuestros docentes, que habría sido de mí, si mis docentes de octavo grado no me hubieran defendido de las burlas.
Me encuentro aquí, en otro país, no para robar, no para llevar vida de chica fácil, no para vivir en las calles, sino para vivir de forma digna, satisfaciendo necesidades del plano vivir, y tener las mismas oportunidades de un ciudadano cualquiera, tengan por seguro que todo lo que se consigue con esfuerzo, será mil veces más recompensado en el futuro que llamamos mañana, ese caso de niños venezolanos el cual se pregunta al inicio.
– ¿Si lo recuerdan bien?, Quiero finalizar este discurso revelando que yo soy venezolana. Estudié en este mismo colegio donde hoy todos tenemos el placer de estar: en la Institución Educativa Antonio de la Torre y Mirada, quien más que yo para responder la pregunta-problema.
Mi corazón palpitaba a gran velocidad de solo pensar en tomar el micrófono, quería reflejarle a mi amiga a través de mi mirada todo el desosiego que sentía en ese momento. Pero las palabras de mi boca, no salían. Ella, como siempre sabe leer mis gestos faciales, hace buenas lecturas de contexto. Lástima que no tuve la valentía de levantarme y expresar todo lo que rondaba por mi cabeza esa mañana, siendo uno de los muchos problemas que tenemos en la actualidad, podemos sanar el dolor cuando hablamos de los que nos afecta, pero no lo hacemos, de lo contrario, callamos, conservando el dolor como único amigo. Hoy en día seguimos esperando los certificados de asistencia al evento, la mayoría de veces que he escuchado la palabra “coloquio”, automáticamente mi mente se traslada a ese día y ese lugar, esa experiencia tan impactante en mi vida, quiero que no solo la conozcan mis dos, tres amigos, yo no soy de hablar de mis raíces por miedo al acoso y burlas por el acento, pero desde ahí, todo cambio.

