Escapatoria de lo absurdo

Escapatoria de lo absurdo

Por Arleth Lozano Campo

 

El tenue sol resalta los colores de un camino que para muchos pasa desapercibido, pero que, para otros, es la forma más deleitosa de despejar las telarañas de la mente. A la orilla de un caño consumido por la vegetación silvestre, rodeada de árboles frondosos que parecen sacados de un cuento, la cicloruta en dirección Mocarí–Garzones,más allá de ser un espacio público que cumple su función urbanística para las comunidades aledañas, es la escapatoria más cálida del caos de los pensamientos.

 

Pequeños detalles como el intenso verde de los árboles, la presencia de insectos y aves, la fresca brisa veranera, la caída hipnotizante de las hojitas marchitas y los anaranjados atardeceres, permiten comprender que las abrumadoras dinámicas de la vida son apenas absurdos instantes por los cuales no vale la pena inquietarse.

 

Percibir estos pequeños placeres recuerda el privilegio de estar vivo, y para quienes han sentido la incertidumbre, bien lo intuía Albert Camus: «la vida no tiene sentido, pero vale la pena vivirla, cuando aceptas, con serenidad, que no lo tiene en absoluto».

 

Este refugio sencillo también merece cuidado: colocar unas bancas no sería mala idea… sería otro gesto amable para quienes buscan en este sendero un respiro para el alma.

 

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