Óscar D. López Gómez
Yo no conozco Cereté,
pero pasé por ella.
Me cuentan que es pequeña
y que tiene bonita iglesia;
si a esa iglesia no va Daniela,
yo digo que no es bella.
Que hay una plaza
donde los viejos juegan parqué,
toman café y echan cuento,
y donde los novios se adueñan de la noche
y las palomas de la mañana.
Ajá, pero ¿qué tiene esa plaza
si no la recorre Daniela?
Yo digo que, sin ella,
plaza se queda.
Y que en esa plaza sirven un buen café,
pero si no me lo tomo con Daniela,
yo digo que café no es,
y que me sabe más un trago del Río Sinú,
porque él vio a Daniela nacer.
Y que hay una casa
donde vive Daniela;
esa casa sí es bella.
Pero si Daniela sale de Cereté
y no está en la iglesia,
ni en la plaza,
ni en la casa,
yo digo que Cereté no es bella.
Dios es un pintor
Dios pinta tu boca,
y tu boca me dice que Dios es un pintor.
Él hace de la simetría
más que el efecto mecánico de sus manos,
y de lo asimétrico un destello de perfección.
Dios es un pintor.
Él traza el boceto de tu sonrisa,
y yo, al verla, lo declaro el más grande pintor.
Porque Él pinta bajo el concepto del bien,
porque el bien es Dios y el bien es amor.
Dios es un pintor.
Porque la belleza y el mal no se encuentran,
Dios es un pintor.


