
Por Yenifer Cabria Ortiz
Santa Cruz Lorica, fue para nuestros antepasados, un punto geoestratégico para el comercio fluvial. Por allí, entraron culturas árabes y de otras regiones, dejando huellas imborrables en nuestro municipio.
En 1929, se levantó, construido en bahareque y paja, el majestuoso Ranchón, con el río Sinú de fondo, donde llegaban grandes embarcaciones a descargar su mercancía. Con el transcurrir de los años, aquella maravillosa construcción fue reemplazada por una fuerte edificación de ladrillos y zinc. A esa obra se le dio el nombre de uso popular “ranchón”, también conocido como el mercado público de Lorica. Más tarde fue declarado patrimonio nacional.
Entretejiendo Eneas tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las cocineras del majestuoso Mercado público: Georgina Ortiz Julio, oriunda del municipio, quien ha dedicado su vida entera a esta hermosa tradición que ha pasado de generación en generación: primero su bisabuela Carmela Quintero, después su abuela Georgina Quintero Nieto, luego su madre María Julio Nieto y hoy ella, continúa con amor y agradecimiento el legado gastronómico.
“Ser cocinera en un lugar reconocido como patrimonio cultural del municipio de Santa Cruz de Lorica es, para mí, un orgullo
Según lo expresado por Georgina, el ranchón ha cambiado mucho en apariencia desde su estadía como cocinera. Recuerda que, al comienzo, solo había unas mesas de madera donde se vendían frutas, plátano, yuca, ñame; más tarde llegaron los comedores. En aquel entonces se cocinaba en carbón, pero ha sido reemplazado por estufas de gas, mesas más amplias. Lo negativo es que incluso en la actualidad sigue habiendo poco espacio.
Sin lugar a dudas, el plato típico favorito es el sancocho de pescado; un pescado cienaguero representativo de la comida loriquera y constituye un esplendor de la gastronomía de nuestro municipio.
Entre los platos típicos más frecuentados están: el sancocho de bocachico, pescado frito guisado metido en zumo de coco y la sarapa.
En cuanto a sus desafíos y logros, Georgina logró criar a sus hijos, les brindó educación universitaria de calidad. Actualmente, tiene dos empleadas quienes la acompaña en su labor y les enfatiza a los jóvenes que aprendan a cocinar, pues con ello se abren oportunidades.
Tiempo atrás, cuando aún estaba su mamá, la cuñada de Georgina envolvió una sarapa sin presa, es decir, sin carne, lo cual al comensal no le gustó, esto sucedió en más de una ocasión por la misma cuñada.
Otra anécdota que recuerda de su paso por el Ranchón involucra a varios muchachos que un día hace años se tiraron al río, para pasar el rato. Uno de ellos no logró salir, quedó atrapado debajo de la muralla durante 14 días. Fue rescatado gracias a un señor que pasaba por ahí a medio día. Mientras tanto, el joven se mantenía con pescados crudos que encontraba, aunque su piel estaba bastante maltratada y estaba muy delgado. Al principio, quienes lo encontraron pensaron que se trataba de un animal como una choncha, llamaron a la Cruz Roja y a la policía. Gracias a Dios, el joven sobrevivió y se recuperó por completo.
Georgina ama lo que hace y lo concluye así: “La vida mía”.


